Antes de empezar, me gustaría aclarar que las tres rayas me refiero a las de adidas, no a las de cal.
Ya fuera de coñas, bienvenidos a la entrega final de nuestra saga sobre zapatillas casuals.
A lo largo de los capítulos anteriores, hemos dejado claro que Adidas fue la piedra angular de esta subcultura. Hemos recorrido Europa persiguiendo las codiciadas City Series y hemos analizado porqué “monstruos sagrados” como las Samba o las Trimm Trab se convirtieron en el uniforme intocable del movimiento.
Hoy vamos a ver la vida que hay más allá del calzado con las tres rayas, lo que hay más allá de Adidas.
Marcas como Diadora, New Balance, Reebok o Puma también formaron parte de ese método de camuflaje que surgió en la Inglaterra de finales de los 70 y del que llevamos hablando ya varias semanas.
Estas marcas también forman parte de la cultura casual.

DIADORA: El lujo inalcanzable del “Made in Italy”
Si Adidas era el estándar de oro, Diadora era el diamante puro. Esta marca representaba el estatus definitivo, la zapatilla del erudito.
Fabricadas artesanalmente en la región de Caerano di San Marco, Italia, respiraban una calidad que pocas marcas podían igualar.
Estar alineados con superestrellas de la época con un aura casi aristocrática, como el tenista Björn Borg o posteriormente el futbolista Roberto Baggio, le otorgó a Diadora una exclusividad sin precedentes en las gradas.
El mensaje era claro: “Puede que seamos de clase trabajadora y no tengamos dinero, pero vestimos mejor que los ricos”. Las Diadora se combinaban habitualmente con chándales italianos, proyectando una imagen de riqueza y sofisticación inalcanzable para el aficionado medio.
Los modelos clave
- Diadora B.Elite (Borg Elite): El Santo Grial. En su momento, fue una de las zapatillas deportivas más cara del mercado. Llevar esto era demostrar un poder adquisitivo y un nivel de contactos muy superior al resto.
- Diadora Camaro: Un clásico instantáneo del retro-running que aportaba un perfil más aerodinámico.
- Diadora Squash Elite: Famosa e idolatrada por su espectacular suela de goma caramelo, un fetiche absoluto para el coleccionista de grada.
- Modelos de ciudades (Aberdeen / Birmingham): El guiño de la marca italiana a las ciudades británicas, demostrando que entendían perfectamente quiénes eran sus mejores clientes en el mercado.
El dato de culto
Todo estalló en la final de la Copa de Europa de 1977 en Roma. Unos 26.000 seguidores del Liverpool “descubrieron” las tiendas de deportes italianas. Empezaron a “importar” (y en muchos casos, a saquear) la marca hacia el Reino Unido, donde era prácticamente imposible de conseguir.
La locura llegó a tal punto que los minoristas británicos viajaban a Italia y regresaban con maletas repletas de Diadoras, tratándolas como un preciado cargamento de contrabando.
En los colegios ingleses, la obsesión era tal que los chavales llevaban la bolsa de plástico de Diadora para fardar, garabateando nombres de bandas musicales en ellas, incluso si no podían permitirse las zapatillas que iban dentro.
NEW BALANCE: “Heritage” puro y la alternativa de culto
Mientras Diadora atacaba por el lado del lujo ostentoso, New Balance se consolidó como la alternativa de culto para quienes preferían el sartorial one-upmanship (la superioridad basada en el corte, la sastrería y la procedencia de la prenda) antes que los logotipos gigantes.
A pesar de llegar tarde a la cultura (casi a principios de los 90), New Balance no gritaba; susurraba. Era una estética discreta, sobria y tremendamente funcional.
Atrapó a los casuals veteranos que valoraban profundamente el la herencia y el saber hacer. Saber que tu zapatilla estaba fabricada en la mítica fábrica de Flimby (Reino Unido) o importada de Estados Unidos era el tipo de conocimiento enciclopédico que te daba el respeto en el pub antes del pitido inicial.
Curiosamente, esta misma filosofía silenciosa hizo que en Estados Unidos fueran conocidas como las “zapatillas de trap” (hustler shoes), elegidas por aquellos que manejaban mucho dinero en las calles pero no querían atraer la atención con colores ruidosos.
Siluetas que marcan la diferencia
- La Serie 990: La “zapatilla de papá” original. Cuando se lanzó en 1982, hizo historia al ser una de las primeras zapatillas deportivas en romper la barrera de los 100 dólares. Ese precio prohibitivo la convirtió automáticamente en un símbolo de estatus en las gradas.
- La 574 Legacy: Un modelo fundamental que ha alcanzado niveles de mito gracias a colaboraciones recientes, especialmente con Stone Island, uniendo así a dos de los pesos pesados más respetados de la cultura de grada.
- Modelos de fútbol y pub (997H / 247): Estos modelos han sido clave en la estrategia reciente de New Balance para integrarse en la cultura de los clubes y sus aficionados.
El 997H se ha usado para varias colaboraciones con clubes, como el Celtic (usando el trébol de cuatro hojas en la lengüeta), el Porto (con colores azul, blanco y dorado), y con la Roma (con los tradicionales colores rojo y amarillos).
Por su parte, de la 247 destaca una edición especial para conmemorar el 125 aniversario del Liverpool
El dato de culto
En 2010, New Balance demostró que entendía a su público a la perfección lanzando el mítico “Pub Pack” con el modelo 576.
Esta edición fue diseñada pensando en los aficionados veteranos que buscaban una opción de zapatilla más sobria y discreta en comparación con las reediciones de gamuza y colores chillones.
Como detalle único y muy valorado por los coleccionistas, cada par de zapatillas venía acompañado de su propio posavasos de la marca.
Estos modelos llevaban nombres históricos de los pubs más comunes y emblemáticos de todo Reino Unido: The Red Lion, The Royal Oak y The King’s Head, homenajeando directamente a la tradición británica.
REEBOK: El clásico
No todo en la grada era lujo importado de Italia o ediciones limitadas americanas. Hacía falta una zapatilla de trinchera. Un calzado que fuera impecable a la vista, pero funcional cuando la situación se pusiera tensa. Ahí es donde Reebok reinó sin oposición.
Frente a la hegemonía de Adidas, Reebok mantuvo una relevancia férrea por ser la opción sólida, inteligente y sin pretensiones. Su gran ventaja técnica era la practicidad: eran sustancialmente más ligeras que las botas militares de la generación anterior, lo que las hacía perfectas para correr, fuera la situación que fuera.
Las classic
Las Reebok classic son consideradas las favoritas de la vieja escuela para los días de partido.
A diferencia de las zapatillas feas o exageradamente grandes, los modelos clásicos de Reebok se valoran por ser simples y elegantes, lo que las hacen resistentes al paso de las modas.
Reebook se estableció como una alternativa de estatus que combinaba el movimiento en las calles con un diseño limpio que encajaba perfectamente con el uniforme casual.
Estos modelos han vivido un resurgimiento masivo en la cultura urbana gracias a colaboraciones con marcas de culto actuales como Palace o diseñadores como Gosha Rubchinskiy. Estos movimientos han validado su estatus histórico ante las nuevas generaciones, demostrando que un diseño clásico nunca muere.
PUMA: El camuflaje perfecto
Considerada por muchos, junto a Diadora y Fila, como una de las marcas principales del uniforme casual original, Puma jugaba un papel fundamental.
Puma ofrecía ese anhelado “toque exótico” continental que los fans buscaban obsesivamente en sus viajes por Europa. Su estética era minimalista, con marcas de diseño muy sutiles, lo que la convertía en una pieza fundamental.
Si vestías unas Puma limpias y ropa de diseñador sin logotipos estridentes de tu club, podías moverte por territorio hostil pasando completamente desapercibido para los acab, pero siendo perfectamente reconocido, y respetado, por tus iguales. Al igual que Reebok, su tremenda comodidad era clave.
Modelos como las Puma States o Puma Suede fueron y son muy importantes.
Las zapatillas casuals más allá de las tres rayas
Comprar unas Adidas Samba era (y es) una excelente decisión de estilo. Pero conseguir unas Diadora B.Elite, pasearse con el gris impoluto de unas New Balance 990 fabricadas en Flimby, o confiar en la ligereza de unas Reebok Classic para el día de partido, era demostrar que jugabas en otra liga.
Estas zapatillas no solo pisaban las gradas; contaban la historia de quién había viajado, quién tenía contactos y quién entendía que la verdadera elegancia reside en los detalles que el ojo inexperto pasa por alto. Son prendas de archivo que, a día de hoy, siguen separando a los que simplemente se visten, de los que verdaderamente saben.
Con este capítulo, cerramos la enciclopedia del calzado de grada. Pero el uniforme está incompleto. De nada sirve llevar los pies de alta costura si tu cuerpo no está protegido del frío, la lluvia y las miradas indiscretas.
¿Listo para dar el salto al nivel más caro y codiciado de esta cultura?
