Adidas Originals (II): Cuando no hace falta tener nombre de ciudad

Bienvenidos al segundo capítulo hablando de las zapatillas icónicas en las gradas, continuamos con las Adidas Originals: Samba, Forest Hills, Spezial, etc, etc.

Si has estado siguiendo nuestra serie, ya conoces el principio de la historia. En la primera entrega, desgranamos el Origen del Movimiento Casual, explicando cómo unos chavales de clase obrera cambiaron las reglas del juego para burlar a la policía. En la segunda, viajamos por el mapa de Europa con las Adidas City Series, esos trofeos geográficos que demostraban que habías estado en París o Roma siguiendo a tu equipo.

Y hoy vamos a hablar de los cimientos de lo que hoy conocemos como Adidas Originals.

Ilustración patrón con zapatillas clásicas Adidas Originals de la cultura Terrace: se distinguen modelos Samba, Trimm Trab, Forest Hills, Gazelle y Jeans amontonados.

Hablamos de modelos que no necesitaron el nombre de una capital europea para convertirse en leyenda. Zapatillas que, en muchos casos, nacieron para deportes elitistas como el tenis o para eventos masivos como las Olimpiadas, pero que terminaron siendo adoptadas por la juventud británica en las gradas de Anfield, Old Trafford o Maine Road.

Los Patriarcas: Samba y Gazelle

Todo movimiento tiene sus “vacas sagradas”. Son los modelos que iniciaron la transición y que, décadas después, siguen siendo la puerta de entrada a esta cultura.

Adidas Samba: El origen de los tiempos

Si buscamos el “Génesis” de las Adidas Originals, nos topamos con la Samba.

Lanzada originalmente en 1950, es el modelo más antiguo de la marca en producción continua, anterior incluso a la mítica Stan Smith.

Su diseño original no tenía nada que ver con la moda. Fue creada con una misión puramente funcional: permitir que los futbolistas entrenaran en superficies duras o campos helados sin resbalarse. De ahí su característica más famosa: esa suela de goma y la puntera reforzada en forma de “T”.

En los años 70, unas Samba costaban alrededor de £20. Era un precio accesible, lo que facilitó que se convirtiera en el uniforme no oficial de la moda casual.

Décadas más tarde, el cine se encargaría de inmortalizarlas en los pies de Ewan McGregor en Trainspotting.

Adidas Gazelle: La revolución del ante

Si la Samba era la reina de la suela, la Gazelle fue la reina del material.

Cuando debutó en 1966 como una zapatilla de entrenamiento polivalente, trajo una innovación que lo cambió todo: fue la primera zapatilla de Adidas fabricada en ante (o gamuza).

Hasta ese momento, las zapatillas de deporte eran de cuero rígido. El ante hacía a las Gazelle mucho más ligeras y flexibles, permitiendo un movimiento más rápido. Pero hubo un detalle técnico que vuelve locos a los coleccionistas: originalmente, la Gazelle se vendía en dos colores con funciones distintas: La Roja tenía una suela de espiga transparente y estaba pensada para deportes de exterior; la Azul tenía una suela ondulada y era para interiores.

Esa silueta fina y elegante trascendió el deporte para convertirse en un icono absoluto del Britpop en los 90 gracias a Oasis.

La Conexión Liverpool: De Alemania a Merseyside

Como ya sabéis, a finales de los 70, debido al dominio del Liverpool en Europa, los scousers viajaban constantemente y descubrieron modelos que no había en Reino Unido.

Adidas Trimm-Trab: El fenómeno Wade Smith

Estas son, posiblemente, las Adidas Originals más importantes para la identidad Scouse.

Su origen es curioso: no se creó para un deporte, sino para una campaña de salud pública del gobierno alemán a mediados de los 70 llamada “Trimm Dich” (“Ponte en forma”).

Se distinguía por una suela gruesa que era indestructible.

El problema era que no se vendía en Inglaterra.

Aquí entra en escena la leyenda de Wade Smith, un minorista de Liverpool que vio una gran oportunidad de negocio.

El tío este alquilaba furgonetas, viajaba a Alemania, las llenaba de Trimm-Trabs y volvía a Merseyside. Se calcula que vendió más de 110.000 pares en los años 80. Tener unas Trimm-Trab era la prueba de que estabas conectado con la élite de la grada.

Adidas Forest Hills: El ‘Snobismo’ Casual

Si la Trimm-Trab era el caballo de batalla, la Forest Hills era el Ferrari de las Adidas Originals.

Lanzada en 1976 y nombrada en honor al estadio del US Open en Queens, Nueva York, esta zapatilla destilaba arrogancia.

Era la zapatilla de tenis más ligera de su tiempo, y encima Adidas metió tecnología de la NASA en la plantilla para mejorar la ventilación, algo inaudito para la época. Pero lo que realmente importaba en la calle era su estética: blanca, con las tres bandas y el talón en dorado, y una suela de un amarillo vibrante imposible de ignorar.

En el ecosistema de Liverpool, la Adidas Forest Hills se convirtió en el símbolo del estatus supremo. Eran caras y difíciles de conseguir, lo que las hacía perfectas para el one-upmanship.

Como se ve en la película de culto Awaydays, llevar unas Forest Hills era decirle al mundo que jugabas en otra liga.

Terrace Utility: Rendimiento convertido en estilo

A veces, la moda surgía de la pura necesidad.

Las gradas inglesas eran lugares fríos, húmedos y a veces peligrosos. Se necesitaba calzado acorde a cualquier situación que pudiera surgir.

Adidas Handball Spezial

En 1979, el balonmano requería un calzado que permitiera giros rápidos y frenazos en seco. Así nació la Handball Spezial.

Su magia residía en una suela innovadora diseñada específicamente para dar tracción en pistas de parqué resbaladizas.

Esa robustez enamoró a los casuals. Era una zapatilla “tanque” que aguantaba pisotones, derramamientos de cerveza y carreras por las calles.

Aunque… these colors don’t run.

Al igual que la Gazelle, vivió una segunda juventud en los 90 al ser adoptada masivamente por la cultura Britpop, consolidándose como una de las siluetas más versátiles de la historia: válida para la calle, la grada y el bar.

La Serie SL (Super Light)

Con las Olimpiadas de Múnich 72, Adidas quiso demostrar que podía hacer las zapatillas más rápidas del mundo.

Así nacieron las SL 72 y, posteriormente, las SL 80. Fueron pioneras en dos cosas: combinar nailon y ante para reducir el peso al mínimo (de ahí lo de “Super Light”) y, ojo al dato, fueron las primeras zapatillas en lucir el logotipo del Trébol (Trefoil) en la lengüeta.

Su salto a la fama popular llegó a finales de los 70 gracias a la televisión: eran las zapatillas que llevaban los protagonistas de una serie de acción llamada Starsky & Hutch.

En la grada, su perfil afilado y sus colores llamativos las convirtieron en favoritas para quienes preferían una estética más aerodinámica.

La “Leisure Class”: Cuando el deporte es secundario

A medida que el movimiento maduraba, las zapatillas dejaron de necesitar una excusa deportiva. Surgieron Adidas Originals puramente de ocio, pensadas para lucir bien, no para sudar.

Adidas Jeans & Tobacco

El nombre lo dice todo. Las Adidas Jeans (con su versión MKI en 1975 y la MKII en 1979) fueron de las primeras diseñadas explícitamente para combinar con pantalones vaqueros.

El modelo MKII introdujo un protector de puntera y un estabilizador de talón que hoy son objeto de deseo. Su estatus es tal que, cuando se relanzaron en 2015, la demanda colapsó varias webs en Europa.

Por otro lado, la Adidas Tobacco (1972) representaba el minimalismo. No era para correr, ni para jugar al tenis. Era una zapatilla de ocio de color tierra/tabaco, ante aterciopelado y suela plana.

Hoy en día, es uno de los modelos más valorados por los coleccionistas puristas por esa elegancia discreta y su naturaleza exclusiva.

Adidas Campus

Cerramos la lista con las Campus. Aunque nació en los 70 como ‘Tournament’ y se relanzó en 1980 para baloncesto, su destino estaba en la calle.

Con una entresuela más gruesa que la Gazelle y una parte superior de ante robusto, se convirtió en un icono transatlántico gracias a los Beastie Boys, uniendo la cultura hip-hop americana con la estética casual europea.

¿Por qué siguen importando?

Han pasado 50 años desde que esos chavales de Liverpool empezaron a traer cajas de zapatillas en el ferry.

Las modas han cambiado, las gradas ya no son los campos de batalla de los 80, y ahora puedes comprar unas Samba en cualquier centro comercial.

Sin embargo, las Adidas Originals mantienen su aura. ¿Por qué? Porque no fueron productos de marketing. Fueron descubrimientos.

Cada vez que te atas unas Trimm-Trab o unas Forest Hills, estás conectando con esa historia de rebeldía, de viajes en furgoneta y de una juventud que decidió que, si la sociedad no les daba estatus, ellos se lo inventarían a través de sus pies. No son solo goma y cuero; son la armadura de la clase obrera británica que conquistó el mundo.

En el próximo capítulo, dejaremos de lado las tres rayas para mirar otras marcas. Pero antes, volvemos a Budapest para hablar de los ultras del Újpest.

¡Nos vemos el domingo!

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